Apple mantiene a obreros en condiciones despiadadas

Apple es, por mucho, una de las empresas más interesantes de los últimos años. No solo por los dispositivos que ha puesto en el mercado, atractivos en sí, sino por el aura que ha sabido imponer sobre sus productos, una inexplicable pátina de prestigio y lujo que, según parece, viene incluido en el precio que los consumidores pagan cuando adquieren un iPod, un iPhone, un iPad o lo que sea que, entusiasmados, llevan a sus casas u oficinas, en el bolsillo o en el portafolios, cuando deciden cambiar su dinero por un producto Apple.

Y quizá sea este brillo un tanto irreal el que oculta a dichas personas las condiciones atroces en que se fabrican sus queridos aparatos, las brutales condiciones laborales que hacen posible el sueño del gadget y la distinción.

Shenzhen, la ciudad en China donde se produce la mayor parte de estos dispositivos, es, dentro de la podredumbre que rodea este sistema, el mejor ejemplo de dicha realidad. Ahí es donde se asienta Foxconn, la compañía que fabrica los iPhone y el iPad para Apple, así como otros dispositivos para otras empresas. Su planta laboral es de casi 430,000 personas, de las cuales al menos un 5% no alcanza el límite de edad legalmente aceptado para trabajar, obreros de 14, 13 e incluso 12 años laboran a la par de otros mucho más viejos.

De acuerdo con una de estas obreras, a Foxconn no le importa la edad de quienes están a su servicio, pero cuando una inspección oficial se avecina, la empresa esconde por un tiempo a aquellos obreros que se vean demasiado jóvenes y los sustituye por otros con apariencia de adultos. La empresa sabe, por supuesto, la fecha en que estas revisiones se efectúan.

Sobrios y vastos salones colmados de decenas de miles de obreros, trabajando al unísono, monótona, mecánicamente, sin pausas ni distracciones, puestos los ojos, las manos, la atención en la repetición infinita de la tarea asignada. 8 horas al día que se extienden a 12 que se extienden a 16 cuando hay que fabricar un nuevo gadget que las multitudes impacientes están ansiosas de poseer —productos que difícilmente conocen en su forma última y cuyo funcionamiento, si tienen uno a la vista, consideran mágico.

Es sumamente ingenuo pensar que los directivos de Apple, Steve Jobs incluido, no están o estuvieron enterados de estas condiciones en que se fabrican sus productos. Tan lo están que dicho entorno forma parte importante de sus ganancias.

Sin embargo, como bien apunta Henry Blodget en Business Insider, los dividendos de Apple son tantos y tan cuantiosos que bien podría permitirse mejorar las condiciones laborales de los obreros que están en la base de su riqueza, sin por ello comprometer su competitividad ni su provecho económico.

Apple, sin embargo, podría argumentar que este no es problema suyo sino de empresas como Foxconn que tienen a sus obreros en semejante esclavitud.

 

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